Los insultos del fundamentalismo religioso y el aborto

El último 8 de marzo, una señora me gritó a diez centímetros de la cara la palabra asesina cinco veces seguidas. Nunca antes se habían referido a mí de esa manera, ni me habían agredido verbalmente en forma tan directa.
"¿Qué me mirás?", me dijo cuando terminó con el exabrupto acompañado de mi silencio. El intercambio ideológico y político fue claramente muy breve: la señora no quería dialogar, no quería escucharme, no quería saber, quería por lo tanto negar, callar, silenciar... De hecho, su enojo era fruto de nuestra presencia en la peatonal; calle pública y transitada por excelencia que delimita un lado de la plaza central y que es acompañada a su vez por construcciones con una carga simbólica muy fuerte para pensar en la reproducción y legitimación del poder: la municipalidad, la iglesia catedral, la escuela nº 1 y el canal 8 de Mar del Pata.
A pesar del poco intercambio de ideas y los nervios que nos atravesaron a ambas por el mal momento, le pude hacer varias preguntas como forma de acercarme a un pequeño intento de reflexión por parte de ella: “¿Conocés a alguien que haya abortado alguna vez?” le dije y sorprendida, nerviosa y furiosa (ese estado lo tenía desde antes) me respondió: “Yo no. No me junto con esa clase de gente”.
“Si conocés”, le dije (mentir es pecado) pero por ahí no te lo cuentan y “¿Sabés dónde se los hacen esas mujeres que te rodean?” le pregunté y acto seguido le respondí: “En las clínicas en donde te atendés vos y pagan 1800 pesos por la intervención. Las mujeres pobres en cambio se lo tienen que hacer en garajes poniendo en riesgos sus vidas”. Se fue con la misma cara de asco y de odio con la que llegó a interrumpir nuestro acto por el día internacional de la mujer.

Está claro que hay argumentos más sólidos, contundentes y movilizadores que le podría haber dicho en la cara y hasta sin agredirla, pero en ese momento no los encontré. A la vuelta de la jornada refresqué ideas y pensé en otras posibles formas de transmitir mi convicción por el derecho a abortar. A esa persona que como nunca antes y en forma pública me acusó de asesina sin razones me hubiera gustado decirle que:

• Pocas cosas en la vida son tan lindas como ser madre cuando se desea, pero que no hay nada que pueda afectar negativamente tanto la vida cotidiana de una mujer como ser madre sin quererlo.
• Que el deseo por tener un hijo (o una hija) y muchas veces hasta su identidad, surgen antes de que el óvulo atraiga al espermatozoide. Los proyectos con un bebé se suelen pensar con anterioridad a que exista el embrión y de hecho, y a modo de ejemplo, muchas parejas eligen los nombres de sus hijos previamente a que se haya diagnosticado el embarazo. La existencia de un nuevo grupo de células a lo que se denomina embrión, no es necesariamente ni obligadamente un bebé.
• Que definir el concepto de vida es algo que nadie en la humanidad pudo hacer aún y que seguramente nadie podrá si pretende conformar a quienes interpreten la definición. Sobre la vida y sobre todo sobre la muerte, hay millones de creencias y explicaciones científicas encontradas unas con otras. No es posible que alguien se atribuya una definición precisa y acertada y menos aún cuando esa definición afecta directamente el cuerpo y la vida de todas las mujeres en edad reproductiva.
• También le hubiera dicho, que nadie se queda embaraza para luego abortar. Los abortos son productos de accidentes, descuidos, ignorancia o violaciones. Si existiera una política de educación y concientización disminuirían notablemente. Quienes luchamos por el aborto legal seguro y gratuito queremos que existan menos abortos.
• Que son miles las mujeres que se sometieron y se someten a realizarse abortos y sin embargo sólo mueren las mujeres que no tienen plata para hacerlo en condiciones sanitarias dignas. Las que tienen o pueden conseguir el dinero, los realizan en clínicas privadas enriqueciendo a médicos y médicas en forma arbitraria. Muchos de esos profesionales son lo que se resisten a la legalización porque están en el circuito económico que favorece la ilegalidad.
• Que cada uno y cada una tenemos derecho (o deberíamos tenerlo) a hacer lo que queramos con nuestro propio cuerpo.
• Y por último, le hubiera dicho que ella puede creer en el Dios o en los dioses que quiera y que se lo vamos a respetar siempre y cuando su Dios no promueva injusticias ni maldades. En nombre de Dios no se puede andar metiendo la iglesia a través de sus jerarcas y sus fieles en las vidas, cuerpos y deseos de todas las personas.


Lucía Gorricho

Hay que decir lo que la gente no quiere escuchar

Si crees en la libertad de expresión entonces crees en la libertad de expresión para puntos de vista que te disgustan. Por ejemplo, Goebbels estaba a favor de la libertad de expresión para los puntos de vista que compartía, igualmente Stalin. Si estás a favor de la libertad de expresión, eso significa que estás a favor de la libertad de expresión precisamente para los puntos de vista que no compartes, de otra forma, no estarías a favor de la libertad de expresión.
Noam Chomsky