“La palabra puede estar cargada de futuro (…)”.
Fragmento del mensaje de bienvenida del Centro Cultural América Libre

Guerrilleras del idioma

Desde el primer día de vida, nos llegan imágenes, colores, formas, sonidos y palabras que van configurando nuestra forma de pensar. Incorporamos gestos, tratos, formas e ideas que vamos acumulando y así formando una estructura de pensamiento que dista de ser propia ya que es el resultado de conceptos incorporados deliberadamente desde el exterior. Creemos, como decía Sartre, que manejamos el idioma pero en realidad, es el idioma el que nos maneja.

A medida que crecemos vamos absorbiendo cotidianamente cultura e incorporamos cultura dominante que sin ser conscientes, la reproducimos. A través de la televisión, la radio, en la escuela, en la casa, en la calle o en cualquier espacio de socialización, estamos invadidos e invadidas por un lenguaje que condiciona nuestra forma de pensar y por ende de vivir. El lenguaje es la base más poderosa de la cultura y al vivir en una cultura represora (madre e hija del capitalismo y el patriarcado) el lenguaje es represor y excluyente.

El problema es que al estar familiarizado con el mismo por conocerlo, mamarlo, vivirlo y sentirlo desde el nacimiento, cualquier modificación o intento del mismo, es profundamente resistido por nuestra psiquis. Cuando escuchamos un "todas" tras un "todos" que busca incluir, sentimos un rechazo que se trata de explicar de varios motivos: "queda feo", "ensucia el idioma", "se hace más extenso"… pero lo cierto es que después de un tiempo y sobre todo, cuando se comprende la importancia de atacar a la cultura represora en todos los frentes y la necesidad del reconocimiento de la mujeres como sujetas y fundamentalmente como sujetas centrales del cambio social, se incorpora a nuestra estructura de pensamiento. Así, no sólo dejan de molestar los nuevos aportes, sino que empezamos a criticar y atacar la falta de inclusión de nosotras para nombrarnos.

Las formas de hacerlo posible: salir de la guerrilla para construir un lenguaje nuevo y liberador

Lenguaje inclusivo es la forma en que se conoce en las ciencias de la comunicación y en otras legitimaciones militantes como el zapatismo , el esfuerzo por no invisibilizar la labor de las mujeres. Es un lenguaje que cuestiona todas las exclusiones que el lenguaje más cotidiano opera.

Esta concepción es contraria al lenguaje sexista, que es el que existe, el que reconocemos en lo cotidiano.
El lenguaje inclusivo no intenta "demorar" ni "estirar" el discurso, sino que deja a un lado la tan mentada "economía del lenguaje" en función de la inclusión y la visibilización.

En el intento del cambio, vamos encontrando alternativas para evitar el uso de "@", la "x" y el "a/o", como por ejemplo la programación de teatro de un centro cultural autónomo puede cambiar así:
En lugar de "para nosotros es un sueño colectivo hecho realidad" se puede poner directamente "es un sueño colectivo hecho realidad" y el sentido sigue siendo el mismo.
Cuando se dice "El CC y la salas han crecido mucho con la ayuda y el esfuerzo de todos los que creen que este proyecto autogestionado vale la pena" se puede escribir "El CC y la salas han crecido mucho con la ayuda del esfuerzo de quienes creen que este proyecto autogestionado vale la pena".

Somos guerrilleras del idioma: lo vamos a atacar en todos los frentes que podamos, en todos los espacios que encontremos: en una cena, en una asamblea, en la reuniones, pero sobre todo en los lugares en donde la difusión es más masiva: volantes, radios y prensa escrita. Pero al mismo tiempo necesitamos salir de ese “foquismo guerrillero” asumido en la práctica fundamentalmente por feministas, para construir entre miles un nuevo uso de la lengua, de los valores, de los conceptos, de las palabras…


Tenemos que poder nombrarnos para no negarnos. Esta no es una cuestión de buenas o malas intenciones: reconocemos que las resistencias a los cambios son parte de nuestras cotidianas contradicciones.



Lucía Gorricho y Cintia Berdaguer.
14 de enero de 2009

Homenaje a Liliana Felipe

Liliana Felipe nació en la ciudad de Córdoba (Argentina) pero en el año 1976 se fue exiliada con su vida amenazada. Su hermana Ester que trabajaba en un hospital comunitario de Villa Nueva Córdoba, coordinando un grupo de mujeres violadas y golpeadas, había sido fusilada junto con su pareja, después de horas de haber parido una beba. El crimen se realizó en un campo de concentración construido premeditadamente por las fuerzas armadas que se habían apoderado del poder durante la última dictadura militar.
Junto a un grupo de músicos empezó una recorrida por el continente tocando, casi sin recursos, de pueblo en pueblo hasta llegar a México donde encontró al amor de su vida: Jesusa Rodríguez, una actriz y también cantante mexicana. Desde hace 27 años que están en pareja y a pesar de la frase en broma de Liliana: “nos estamos conociendo” en el año 2001 se casaron como una forma de visibilizar el amor entre mujeres. Para la ceremonia Liliana Felipe, eligió vestirse con una remera que hacia referencia a su adhesión a la agrupación “Hijos” de Argentina porque según ella “Todos somos HIJOS de una misma historia”.
Es una excelente cantante y sobre todo, una brillante pianista. Sin embargo Liliana se destaca por su desfachatez, su rebeldía ante el poder y las instituciones burguesas como el Estado, la familia y sobre todo la iglesia católica.
En sus canciones hace fusión de varios estilos musicales, denunciando el machismo, la homofobia, los negocios empresariales, el capitalismo, las opresiones y los prejuicios describiéndose a ella misma como una mujer inconveniente, mala para el poder convencida que ante los pobres y la miseria, lo que menos jode es la histeria.
Lo más interesante de esta artista, es que es capaz de denunciar con gracia, ironía y profundidad arrancando siempre una sonrisa o una lágrima a quien escuche con atención sus letras.
Liliana Felipe es un ejemplo. Una mujer que abre caminos. Que muestra que es posible combatir la hipocresía reinante en la sociedad y que las acusaciones machistas ante los modos de vida que elegimos las mujeres, no nos importan.