Valoración Crítica del Trabajo Infantil

Eduardo Barrabés es trabajador social en Bolivia, doctor en matemáticas en España, con un pasado en agrupaciones anarquistas y una vida comprometida en Chiapas junto al EZLN. Dedica la mayoría del tiempo a colaborar con los NAT'S (Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores). Está convencido que la infancia no es el futuro, como nos tratan de vender en las propagandas, sino que son el mismo presente y que es ahora, cuando hay que acompañar sus reclamos.



¿Qué es NAT'S?



Se trata de una organización latinoamericana de menores que trabajan y se organizan para mejorar sus condiciones de vida. Es una corriente relativamente nueva (35 años más o menos) conformada por niños y niñas entre ocho y dieciocho años que se reúnen semanalmente. Van a la escuela como parte de su militancia y se autosostienen, o sostienen a sus familias lustrando botas, vendiendo diarios u otros artículos (por la calle o en puestos) o trabajando en casas de familia. Algunas niñas cuidan de sus hermanos y realizan tareas domésticas, lo que posibilita que sus padres trabajen afuera. Aunque no reciban remuneración, también lo consideran trabajo ya que es un aporte central para la economía familiar.



¿Cómo conociste la experiencia?



En México me quedé muy atrapado por el movimiento indigenista. Fue una amiga boliviana, la que me habló sobre la fuerza que los pueblos originarios tenían en su país. Así que me fui a vivir a Santa Cruz y ahí conocí muchos grupos interesantes y me involucré con una cooperativa de mujeres que hacían ollas comunitarias en un principio, pero que enseguida organizaron talleres de formación y actividades productivas. Una tarde, me vinieron a ver unos chicos (hijos e hijas de estas mujeres) para hablar conmigo y me dijeron “nosotros somos chicos que trabajamos y nos estamos organizando”. Lo primero que pensé fue: “Ah! Ustedes se juntan para denunciar el trabajo infantil”, pero no; me dijeron: “Nos organizamos para trabajar mejor”. Y yo les pregunté: “¿Ustedes no están luchando para ir a la escuela y jugar?” a lo que respondieron: “Si, nos organizamos para jugar e ir a la escuela, pero también para trabajar dignamente”. Me costó creerlo. Les dije que para mí no estaba bien, que los chicos no debían trabajar y todo eso. Entonces me increparon con algo que me pareció maravilloso: “Mirá, de momento no opines. Te vienes a una reunión, nos escuchas y al cabo de un tiempito, seguimos hablando”. Gracias a haber estado con el zapatismo, les dije “Ya!, tienen toda la razón. Venga. Me voy con ustedes”. Lo que descubrí es un movimiento de niños, niñas y adolescentes que están en una corriente que nació en Perú y que se llama “La valoración crítica del trabajo infantil”. Se caracterizan por pensar desde la práctica, y sobre ese accionar, van teorizando y formando su propia ideología.





¿Qué quieren?



Muchas cosas. Lo primero que quieren, es que las grandes ONGs y las grandes instancias políticas que trabajan por erradicar el trabajo infantil, destinen sus esfuerzos y sus recursos, para mejorar el trabajo de los adultos. Eso es lo único que podría lograr que los chicos y las chicas no trabajen más. Le dicen a la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y a la UNICEF (dentro del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia) que lo que tendrían que hacer, es ponerse a regular el trabajo en los países pobres para cambiar esta realidad de desocupación y precariedad del mundo adulto que es la que los condena a tener que salir a trabajar. Hay grupos organizados en Venezuela, en Colombia, en Ecuador, en Perú, en Bolivia, en Paraguay (en Chile se han debilitado por las cuestiones políticas del país). También hay organizaciones en Guatemala y en México. Y siguen creciendo. Quieren participar de las decisiones que los afectan, las leyes judiciales que los nombran. Por ejemplo, están luchando para que se saque como prioritario de las agendas, el tema de la prostitución infantil, porque para los NAT'S, se trata de un delito y no de un trabajo.



¿Cómo es discutir política con menores?



Es muy interesante. No dejan de ser niños y niñas y por lo tanto, se comportan como lo que son. Las reuniones son un quilombo, pero al mismo tiempo, es impresionante ver la capacidad que tienen para comprender la realidad, básicamente porque la viven cada día. Las interpretaciones son de poco tiempo (de coyuntura), pero suelen ser muy acertadas. En cinco minutos hacen unas críticas muy profundas al modelo de vida adultista en donde se les niega la palabra y sus deseos. No entienden el verticalismo de las organizaciones de los adultos. Se organizan con delegados en forma horizontal. Tienen reuniones por grupos dependiendo de los barrios y de las ciudades. Se reúnen por tipo de trabajo y luego se juntan en plenarias que son abiertas (los adultos participamos como invitados). A veces, llegan a ser cien en cada una. Hablan entre otros temas, de las ferias institucionales, de las manifestaciones en donde creen, o no, que deben participar. La Central Obrera (COB), está empezando a reconocer la organización.



¿Qué es lo que más te marcó de la experiencia?



Una vez, un niño de diez años, me dijo “Si un boliviano va a España no puede decir cómo se tienen que manejar en su país, entonces: ¿Por qué todas las decisiones que tienen que ver con niños y niñas se hacen siempre sin consultarnos?” Y además agregó “porque si ustedes los adultos, acertaran con sus decisiones, no habría problema, nos callamos. Pero resulta que toman decisiones que luego las cambian y que después modifican otra vez, porque se dan cuenta que las decisiones que tomaron no estaban bien. Si nos consultaran, todo sería mejor y más fácil”.



Es mucho tu aporte...hasta les compraste una casa. ¿Cómo tomaste esa decisión?



Bueno. Yo ya estaba viviendo mitad del tiempo en Bolivia y mitad de tiempo dando clases en la Universidad de Barcelona. Yo ya trabajaba para ellxs (y con ellxs) y cada día me impresionaba más su lucha. Dejé la Universidad y por esas vueltas de la burocracia, recibí una indemnización que no esperaba (me salió bastante bien). Cobré 30 mil euros que no esperaba. Como no contaba con ese dinero, decidí que era para NAT's. Compré una casa en Potosí y la pusimos a nombre de una organización de ahí. Esa ciudad es muy fuerte, es muy jodida, con mucho frío, a 4200 metros de altura y con actividad minera. Es muy dura la vida ahí, pero al mismo tiempo, tiene algo increíble y es que la gente es muy dura también, pero en el mejor de los sentidos: es resistente y luchadora. Los chicos tienen esa misma actitud: la pelean en forma muy intensa. La casa es muy grande pero estaba en muy mal estado. La estamos reciclando. Tiene baños nuevos y lugares para hacer productivos (ya están funcionando talleres de cocina y de repostería). Se están constituyendo como cooperativa, no sólo para juntar recursos para quienes trabajan, sino también para mejorar todo el proyecto.



¿Dónde duermen?



Todos tienen algún sitio, ya sea algún lugar que pagan ellos mismos si sus padres no están, o viven con la mamá y el papá (en los menos de los casos). La mayoría viven con sus mamás. Los papás casi nunca están presentes. Los orfanatos casi no existen y los que existen son una puta mierda. Las aldeas infantiles se merecerían 50 denuncias por semana. Reciben mucha plata y el funcionamiento real es espantoso. Son casas separadas con 8 ó 10 niños cada una donde destinan a una Tía (así se la llama a la mujer encargada de la crianza). La “tía” no tiene ninguna instrucción en trabajo con menores. Es casi siempre una mamá de pocos recursos y que en la aldea le dicen: “¿Por qué no te quedás acá y trabajas como tía?” Les ofrecen casa y comida gratis, pero no les pagan sueldo, y además de hacerse cargo de sus hijxs, terminan también criando a niños y niñas huérfanos. No quiero criticar a la mujeres, pero si a esta ONG que trata de organizar la pobreza infantil. Las tías, suelen ser mujeres que han recibido mucha violencia y que terminan descargándola con los niños que cuidan. Los niños y niñas saben que allí se les pega durísimo (hasta les han dejado marcas en el cuerpo) y cuando se quedan huérfanos no lo dicen, para no terminar ahí.



¿Podés contar algún caso?

Había seis hermanos (cinco varones y una niña) que vivían sólo con su padre porque la madre había muerto. El papá tuvo un accidente terrible y después de estar un tiempo largo internado, también falleció. Los niños quedaron endeudados porque en Bolivia la atención a la salud no es gratis (les cobraron desde las gasas hasta la sangre), quedaron con una deuda terrible. Era la época en que Potosí había estado bloqueda por treinta días y los turistas en sus autos estaban emputecidos porque tenían mucha espera. Nosotros íbamos a contarles el caso y a pedirles que donaran sangre para evitar la muerte de este señor y que los chicos no tuvieran que poner más plata. Conseguimos 70 dadores así. Cuando se quedaron solos estos seis hermanitos, no quisieron hacer ninguna denuncia porque sabían que iban a mandar a los más chiquitos a la aldea. Prefirieron 50 mil veces quedarse viviendo sólos, trabajando y cuidándose entre ellos, que ir al Servicio de Gestión Social. Hay otra cosa también grave: Aldeas Infantiles funciona con el criterio de padrinazgo, es decir, que hay algunos niños que reciben regalos gracias a sus padrinos europeos. Por ahí, viven ocho niños en la misma casa, pero sólo tres reciben regalos. A algunos, les llegan bicicletas y a otros nada o un osito de peluche. Es muy injusto. Han pasado casos de violencias y abusos muy graves. Por suerte, los vecinos y vecinas protegieron a estos hermanitos y los ayudaron a salir de esa situación sin que el Estado interviniera separándolos.



¿Cómo ves el horizonte?



Ahora mismo es bastante esperanzador. La cámara de diputados en Bolivia los está empezando a escuchar, los reconoce, ha hablado con ellos. Están más cercanos a sus propuestas. Por otro lado, en el último día del niño, Evo Morales, invitó al grupo de niños trabajadores organizados y hablaron con él. El delegado les dijo muchas cosas y le agradeció en persona y en presencia de los medios, el tardío reconocimiento. En Bolivia se calcula que hay un millón de niños, niñas y adolescentes trabajadores (muchos en el ámbito rural, aunque debido a la dispersión territorial, la organización es menor). En ese discurso del día del niño, Evo reconoció que había muchos tratados (como el de la erradicación del trabajo infantil) que habían firmado y que no estaban bien. Que por desgracia, la coyuntura económica hacia que los niños tuvieran que salir a trabajar y que ya que había que sobrevivir, tenía que ser con dignidad. La realidad es que los niños trabajan (cualquiera lo puede ver). Por suerte, en esta corriente, tienen muy claro cuál es la realidad. Dicen que “en un mundo ideal está bien que los niños no trabajen, pero que en este mundo si ellos no trabajan, no comen, o no comen sus hermanos”. Nos dicen en la cara: “Mientras ustedes no arreglen que mi mamá o mi papá ganen la suficiente plata para poder vivir, queremos trabajar en condiciones dignas y seguras. Porque con las prohibiciones, los que ustedes están haciendo, es condenarnos a trabajar en forma precaria o esclava.”



¿En qué destinan el dinero que ganan?



En pagar la escuela. Todos y todas están escolarizados y pueden estudiar gracias a que trabajan. Lo que sobra, para la casa. Son niños que valoran el sacrificio y son conscientes de que tienen que aprender y formarse cada día más.



¿Cuál es la idea que te gustaría rescatar sobre este tema?



Lo importante es que asumamos que el trabajo infantil existe y que no se trata de erradicarlo como si fuera una mala hierba, sino de dignificarlo hasta que logremos que no exista más.


1 comentario:

  1. Pues a mi el trabajo infantil no me parece tan malo, tampoco bueno, pero no es malo. Saludos

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