Dijo Simone de Beauvoir: “Su libro me ha causado una gran emoción”


Empecé por escribirle cartas a mi madre desde un sitio en que los únicos acontecimientos eran mis pensamientos. Empecé a seguirles el hilo, a vigilarlos, a demorarme en este o en aquel, cuando alguno me parecía esencial. En pocas palabras, a elegir. Nunca dudé de que todas las ideas pasan por todas las cabezas, que escribir no es un talento especial (como lo son la música o las matemáticas), que la única diferencia entre alguien que escribe y alguien que no, es por una cuestión de técnica (o de paciencia); sobre todo de la técnica de conocer y controlar las evoluciones del pensamiento.

Ana Novac. Libro “Aquellos hermosos días de mi juventud”.

Fragmento del prólogo escrito por ella misma donde explica cómo logró sobrevivir a una realidad sin consuelo. Ana Novac era judía y en 1944, siendo una adolescente, fue deportada a Auschwitz donde sufrió todo tipo de torturas. Medio siglo después se publicó una versión del Diario que la joven había escrito desde el mismísimo infierno. Lo admirable es que entre lo perverso, lo brutal y lo cínico descargado con saña contra su frágil cuerpo, ella logró pensar: "Escribo, luego soy".